viernes, 7 de noviembre de 2014

Hablando de... WALLS OF GLASS

Esta maravillosa casa en Suecia fue diseñada por sus inquilinos. Gracias al paisaje tan increíble que la rodea han sustituido las paredes por cristal allí donde ha sido posible, un lugar de ensueño para disfrutar de las vacaciones, ¿no os parece? ¡Feliz fin de semana! ,-)















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jueves, 6 de noviembre de 2014

Hablando de... ACOSO ESCOLAR: UN PROBLEMA REAL Y ACTUAL.


El ser humano es cruel por naturaleza. Frente a las opiniones varias acerca de cómo se acabará la raza humana, la destrucción de los unos a los otros parece una opción de bastante peso.
Sin embargo, existe una etapa en nuestras vidas en las que aún somos inocentes, libres de prejuicios o, al menos, incapaz de comprendernos. Libres de las expectativas, de las presiones sociales, políticas o económicas más allá de lo que podemos entender a través de nuestros padres o las personas más cercanas. Y, sin embargo, la infancia y la (pre) adolescencia es una de las etapas en las que más niños sufren los maltratos de lo demás. Es eso a lo que ahora muchos llaman “bullying”, como si decirlo en inglés fuera sonar mejor.
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El acoso escolar es un tema actual, que podemos observar tanto en los colegios como en los institutos, incluso en la universidad o en nuestra vida laboral, aunque en esos ámbitos habría que tener en cuenta otros factores.
A lo largo de nuestra infancia es prácticamente imposible que no nos hayamos situado frente al problema en la piel de: el acosado, el acosador, o el cómplice. Y con este último, me refiero a todos aquellos que hacen corrillo, que piensan que tiene un mínimo de gracia o, al menos, suerte por no ser tú, aquellos que no se acercan a la víctima por miedo a que se le relacione con ella, que no separan, que no hablan con el acosador u otra persona responsable. Las buenas decisiones están al otro lado del miedo, y la unión hace la fuerza. Porque todos lo sabemos, es algo que afectará a nuestras vidas para siempre, a nuestro carácter, nuestra forma de afrontar los problemas o de conciliar el sueño por las noches. El problema es que esto último lo sufre más el acosado.
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Tras mis experiencias con niños e historias reales, puedo afirmar que todos estamos dejando mucho que desear. Esos profesores que hacen oídos sordos a las quejas de unos padres cuyo hijo no quiere ir al colegio porque tiene miedo. Esos profesores que no quieren meterse en asuntos turbios por su propio miedo a hacerse objetivo de la mofa. Profesores que no saben cómo actuar cuando se encuentran con este tipo de enfrentamientos y piensan que un abrazo entre las dos partes va a solucionarlo. Padres que son incapaces de ver el sufrimiento de sus hijos e hijos que, ante la carencia afectiva de sus padres buscan llamar la atención de cualquier modo. Hijos que buscan ganarse el respeto de sus compañeros a base de puñetazos, y padres que defienden a fuego a sus hijos sin saber que éstos están haciendo la vida imposible a otros. Padres que lo saben, y no les importa. Padres que lo saben, y aun así defienden a sus hijos. Así sólo están perjudicándolos.
Niños tímidos, con problemas de expresión, psicológicos, afectivos, incapaces de socializarse.
El acoso escolar va más allá de las puertas del colegio, comienza con unas malas palabras, pasa a las manos, a buscar a las víctimas a sus casas, a jugar con sus objetos personales, y ahora la gran ventaja de Internet. Fotos indeseables, videos, comentarios en redes sociales que hieren la sensibilidad de cualquier persona. Cuando el problema comienza a hacerse grande, cuando son los propios padres los que no viven porque no pueden ayudar a sus hijos. Cuando el niño o la niña no quieren comer, no quieren jugar, se encierran en su habitación. Cuando niños de 14 años están deprimidos, no salen a la calle, no tienen amigos. Cuando no quieren ir al colegio, no quieren hablar, viven con miedo y viven sin ganas. Cuando un niño se tira por un acantilado porque no puede continuar con ese modo de vida, su desesperación debería rompernos el corazón.
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El acoso escolar es un problema real y actual, y hay que afrontarlo, te encuentres en el lugar que te encuentres. Habla con tu hijo, con tu alumno, compréndelo y ayúdalo. Si lo has sufrido o has colaborado, piénsalo, tolerancia cero.

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miércoles, 5 de noviembre de 2014

Hablando de... S m : ) e

Hoy prefiero hablar de lo imposible porque de lo posible se sabe demasiado,de las veces que tocas el cielo y fíjate que se ve alto,pero hay sensaciones que no tienen nada que envidiar, nunca me imagine que estando a pocos kilómetros de mi hogar me haría darle un giro de 365 grados a mis pensamientos,reinando por fin la positividad,porque siempre es mejor ver el mundo a través de una sonrisa.

Hoy mientras trabajaba,un chico con unas ojeras de espanto y con cara de pocos amigos se ha acercado a mi,y chapurreando un poco de inglés me ha soltado algo que difícilmente podré olvidar :” verte sonreír en mitad del caos de una ciudad como Madrid es algo tan contagioso que llega a enamorar”
Y lo mire fijamente mientras soltaba algunas carcajadas, y ocurrió, como sí de un espejo se tratase,ese chico sonrió con la misma fuerza que yo. Por lo visto las cosas imposibles son las únicas posibles de contagiar. Sweet Dreams y no lo olvidéis,una sonrisas vale más que cien miradas y unas cuantas de miles de palabras.





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martes, 4 de noviembre de 2014

Hablando de... Te echo de menos.

Sabéis esos días, en los que la lluvia golpea tus ventanas y el viento las sacude tan fuerte que parece que fuera a llevárselas con él. Esos días en los que el invierno ha conquistado las calles y tú lo observas desde tu ventana, como si aquí dentro nada malo pudiera ocurrir. Pues bien, esos días, en los que estás fuera de casa y te asalta la melancolía. 
Echo de menos aquellas tardes en una terraza cualquiera de un bar cualquiera, todos bien abrigados, con la bufanda al cuello. Es tan suave. Y miras al cielo, el sol te da en la cara, y te quedas así durante un instante para disfrutar de su calor. Con tus amigos de fondo riendo y charlando.
Echo de menos encontrármelos a todos, rodeando la mesa del salón. Con un chocolate entre las manos y todo el día por delante para no hacer absolutamente nada además que hablar y hablar. Hasta que nos quedemos en silencio. Aunque…eso nunca pasa.
Echo de menos los domingos de sofá y manta. En los que no pides nada más que eso, tranquilidad. Y de fondo, esta vez, el sonido de la televisión, una película un tanto absurda pero cómica, que te vale para pasar la tarde en compañía de tu familia. Y te sientes realmente en casa.
Y echo de menos el reflejo del espejo, con mis amigas buscando un pequeño hueco para darse los últimos retoques. Echo de menos correr hacia el bus un día de lluvia, y el sabor de la victoria al lograr subir apenas unos segundos antes de que se cerrara la puerta. Echo de menos volver a casa con los tacones en la mano y un camino que parece interminable pero que con buena compañía no lo es tanto. Echo de menos las cenas familiares alrededor de la mesa de madera, en los que dedicas un momento a observar a los demás y sus caras de felicidad comiendo y conversando con el resto te sacan una sonrisa. Echo de menos volver a clase los lunes y gritar un “buenos días” a todos para que te miren como si estuvieras loca. Echo de menos los jueves por la noche, sea cual sea el plan. Echo de menos observar el acueducto imponente, callejear hasta llegar a la Peregrina, o las tardes de largas caminatas por el Paseo Zorrilla.
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Y te echo de menos a ti. Que haces que los días en los que la lluvia golpea tus ventanas y el viento las sacude tan fuerte que parece que fuera a llevárselas con él, el invierno sea más primavera.


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lunes, 3 de noviembre de 2014

Hablando de.... Al amor de vuestra vida.

Al amor de vuestra vida.

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Por todas esas veces que se te olvidó darle los buenos días, por las veces que discutisteis porque vio el wassapp y no os contestó, y por todas esas veces en las que las “buenas noches” fueron una manera de zanjar la conversación.
Este mensaje es por todos esos años en los que hemos vivido engañados. Pensando que nuestro príncipe azul (o princesa rosa, me imagino) iba a plantarse delante de nuestra puerta. Puto Disney. Porque nadie nos dijo que las cosas iban a ser un poquito más complicadas que en las películas. Que para conquistarte no van a enviarte doce ramos de doce rosas, y que tampoco iba a ser necesario.
Por toda esa gente que te ha aconsejado con quien puedes y con quien no puedes estar. Por todos esos consejos que, buenos o malos, has dejado atrás. Porque, al final, uno no puede evitar volver a llamarla. Aunque tú le dirías lo mismo a tu amiga, porque tu amigo se está arrastrando y ella se está riendo de él, porque él ha estado con demasiadas y lo saben todos menos tú. Por ese tipo de ocasiones, en las que las cosas se te van de las manos, por las que contestas en caliente y en frío no sabes cómo olvidarlas.
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Por esas tardes de película y manta que valen más que cien viajes por el mundo. Porque hay mil maneras de arreglarte el día y se las conoce todas. No sabes cómo, pero lo hace. Y tampoco conoce nadie mejor que esa persona, como amargarte el día, la semana, o el año. Pero no la vida, porque eso sólo lo sabes tú.
Siempre nos lo decimos, acabarás con quien menos te lo esperes. Mucho mejor, las cosas planeadas suelen salir mal. Mejor darse a la improvisación.
 Pensar tanto para unas cosas y tan poco para otras. Y no sabes cómo pero siempre se te ocurre la mejor respuesta cuando lo piensas en casa un par de horas después. Cuántas veces te has callado, o has hablado demasiado. Cuántas veces te ha podido el orgullo. Ay, el orgullo. Cuántas veces sientes que diste demasiado y recibiste tan poco, o al revés. Qué facilidad para rendirse. Muchos dicen que los tiempos que corren son los peores para el amor. Que ya no se saca a bailar. No lo creo, porque estoy segura que más de una ha llorado con esas proposiciones tan bonitas que hay en Youtube. Porque no hace falta un velero en medio del Mediterráneo con fuegos artificiales. Y nunca he bailado muy bien.
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Y porque cada uno demuestra las cosas a su manera, cara a cara o con iconos del móvil. Pero lo que está claro, es que muchas veces no se demuestra nada, y por eso mientras has leído esto has pensado en alguien.
Os habéis equivocado de amor de vuestra vida muchas veces. Y eso está bien.


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